viernes, diciembre 10, 2004

A las barricadas

Debe ser que hoy tengo incontinencia mecanográfica. Otra vez con el teclado. Y es que no es para menos.

Las noticias que circulan por ahí acerca de la intención de determinados partidos políticos de legislar para que las medicinas mal llamadas alternativas, tales como la Homeopatía o la Acupuntura pasen a ser cubiertas por la Seguridad Social no es alarmante. Es un escándalo. Y me niego tajantemente a que con mis impuestos se financien placebos tan caros como inútiles.

Lo cual nos despeja más la visión que no queríamos tener pero que no nos va a quedar más remedio que tener: el corpus político no busca el bien general. No somos ciudadanos. Somos clientes. Clientes que les producen rentabilidad. Clientes a los cuales, por lo tanto, hay que tener contentos. Y ya se sabe... el cliente siempre tiene la razón. Ergo, aunque sea una estupidez lo que dice y lo que pide, hay que dárselo, porque es el que nos da el negocio. Alguien me dijo alguna vez que había un director de empresa que tenía colgada en la pared de su despacho una leyenda que creo recordar rezaba así: If we don't take care of our customers, somebody else will. Efectivamente. Si nosotros mismos no cuidamos a nuestros clientes, alguien lo hará. La competencia (que no la oposición).

Y éste no es el único motivo de alarma. La educación. La educación de nuestros hijos. Bueno, no... vamos a llamar a las cosas por su nombre. La formación de nuestros hijos. Porque no hay que perder de vista el hecho de que muchos padres, probablemente con la mejor voluntad del mundo, con el afán de darles todo lo que ellos no han tenido, han olvidado que la educación de sus hijos como personas cívicas les corresponde a ellos, y no a los profesores. Y educar a un hijo consiste en enseñarle (por ejemplo) que es absolutamente gratuito ser bien educado. Consiste en hablar con ellos acerca de cosas que se oyen en la radio, que se leen en los periódicos, que se ven en la Televisión... Consiste en escuchar sus opiniones y sus razones, y si tú crees que están equivocados, razonarles (o por lo menos intentarlo) el porqué. De ese modo, cuando alcanzan ya una edad suficiente, puedes hasta discutir con ellos sobre vuestros distintos puntos de vista. Porque les habrás enseñado una cosa: a informarse lo suficiente como para tener criterio propio. Y esto no es especialmente difícil. Yo lo he hecho. Y con mis hijas razono (bueno... según ellas, no...), discuto, intercambio opiniones, y debatimos... llegamos a tener unas trifulcas de la leche, y tan contentos todos. Desde hace ya mucho tiempo la gran mayoría de mis vecinos y mis amigos me han dicho que tengo unas hijas encantadoras, y muchos de ellos han recurrido a la muletilla de "qué suerte has tenido con las niñas". No. Suerte no. Nos lo hemos currado. Su madre y yo mismo. Mis hijas se saben de memoria desde hace mucho tiempo dos frases: "ser bien educado es gratis" y "a la gente se la gana por la razón, y no por la imposición".

Pero parece que por mimetismo, estamos importando cosas menos inocuas que la Noche de Haloween, que las películas absurdas o que los auténticos Levi's.

Estamos importando por inercia comportamientos y sistemas tales que van a acabar por mimetizarnos del todo, incluyendo la formación de nuestros hijos. Van a acabar siendo, como allí (sí, exactamente donde pensáis que estoy diciendo) analfabetos funcionales.

Y por si los problemas de la formación de los chavales fueran pocos, tenemos los efectos colaterales. Los chavales absorben lo que ven en sus hogares. Y si a todo lo dicho anteriormente le añadimos que en algunos hogares ven a sus padres interesándose por sinsentidos de todos conocidos, los ven negando la evidencia, los ven experimentando en mundos místicos y ocultos... ¿qué es lo que tendremos? Una preciosa colección de analfabetos funcionales doctorados en Fenómenos Paranormales, en Chamanismo, en Flores de Bach o en cualquier incongruencia del mismo calibre.

Y para rematar la faena, y estableciendo un paralelismo más que dudoso (las comparaciones siempre son odiosas, y ésta en concreto es rematadamente odiosa) tenemos que estos promotores de la ignorancia, del misticismo barato, de la explicación mágica en detrimento de la racional, van exigiendo por ahí respeto. A este respecto recuerdo un magnífico blog de Lola.

El paralelismo es que van por ahí exigiendo casi lo mismo que exigen esperpentos de individuos que después de vender hasta el color de las zurraspas de sus calzoncillos, se ven acosados por los medios de comunicación. Me imagino que sabéis a qué me refiero.

Pues haciendo esta odiosa comparación, nuestros fenómenos van poco menos que exigiendo amparo para seguir fomentando la ignorancia en el sentido de buscarle explicación mágica a cosas para las cuales debería buscarse a priori una explicación racional. Esto es poco menos que anular en el ser humano el instinto más fuerte y el que le hizo evolucionar: la curiosidad. Anular el esfuerzo intelectual que supone buscar esas explicaciones en beneficio del Más Allá. Bueno... o del más acá si nos ceñimos al beneficio de sus principales promotores, que es bien terrenal.

Haciendo también esta comparación, nos encontramos ahora con maestros del periodismo de investigación a los que no les duelen prendas al dar clases de qué es informar y qué es investigar. Aquellos que no hace tanto tiempo no sólo daban credibilidad sino que confirmaban irrefutablemente la paranormalidad de fenómenos de todos conocidos. ¿Cómo se puede tener tanta cara dura? Gentecilla que se rigen por el principio (también importado) que tan bien define aquella famosa frase: no dejes que la realidad te estropee un buen titular. Y que ahora se sienten acosados por, según ellos, fascistas, demagogos, censores y no sé cuantas cosas más, cuando lo que hace esa gente no es ni más ni menos que ponerles en el lugar que les corresponde: malos aprendices de todo.

Entristece. Todo esto entristece. Pero no nos podemos dejar vencer. Hay que pasar a la acción. De ahí el título de esta entrada. A las barricadas, camaradas. A las barricadas o el día de mañana no va a haber ni Dios que pague nuestras pensiones porque los que deberán cotizar para ello no sabrán hacer nada. Ni siquiera pensar por sí mismos.

Y para empezar, voy a ver si localizo una dirección de la SER (a ser posible la del mismísimo Iñaki Gabilondo, y si no un mailing a todas las que vienen en su página web) y le envío un escrupulosamente exquisito y respetuoso mail llamándole la atención acerca de las peculiaridades de uno de sus compañeros de emisora. Por supuesto, documentándole mediante links tanto sus clases periodísticas desde el púlpito editorial, sus afirmaciones actuales, sus afirmaciones pasadas, así como la información que él (sí, ese que imagináis) ha obviado, sesgado o tergiversado aparentemente en beneficio de la rigurosidad de la noticia.

Seguiremos informando. Que la razón os acompañe. ;-)

6 comentarios:

razonesparadudar dijo...

Suerte, aunque veo difícil que en la SER alguien te preste atención. El inefable periodista del misterio obtuvo hace poco una Antena de Oro, el programa bate cada mes sus récords de audiencia,... e incluso Iker afirma que le consultó en los pasillos al mismísimo Daniel Gavela que iba a cambiar todo el programa para que entrara Pedro Amorós en directo desde Bélmez, para contar el descubrimiento de las nuevas caras...

En el Grupo PRISA no creo que importe mucho más aparte de la audiencia ;-) Eso sí, siguen sin pagarle un hosting de pago para colgar sus programas en la red.

Anónimo dijo...

"Y me niego tajantemente a que con mis impuestos se financien placebos tan caros como inútiles."

A mis ojos la jugada es precisamente reducir el gasto en sanidad. La Administración no es tonta, y sabe que para producir los milagritos homeopáticos no hace falta un laboratorio químico especializado. Son el remedio ideal para los resfriados y otras enfermedades autocurables, y la que se ahorran en medicamentos (algunos de ellos de parecido efecto, todo sea dicho) es de aúpa.

Pero el precio a pagar es mucho más caro que el precio a ahorrar. Aparte de la desinformación a largo plazo que tú comentas, está el peligro a corto plazo de que los médicos se empiecen a tomar a la ligera la salud de sus pacientes ("total, si eso los cura..."), o a generalizar "a lo loco" en cuanto al alcance de los medicamentos homeopáticos ("si es tan bueno, igual sirve también para el cáncer").

Sinceramente, me preocupa. Mucho.

-- Pedro Gimeno

Roberto Iza Valdes dijo...
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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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