domingo, marzo 13, 2005

Sobre mentes abiertas

Mucho tiempo ha que no he desempolvado este humilde blog. Ya va siendo hora. Pero hete aquí que desafortunadamente llego tarde a todos los temitas de actualidad.

Por lo tanto muy probablemente esto no sea sino un refrito de los varios blogs que muchos de los que habitan junto con este humilde escapista el reino de la razón habrán ya publicado sobre los temas que me vienen en este momento a la cabeza, y cuyos links están aquí a vuestra disposición.

Show must go on, decía el líder de Queen en una de sus canciones. Y efectivamente, así debe ser. El espectáculo debe continuar para que toda una panda de sinvergüenzas sigan beneficiándose de la buena fé de mucha gente. De esa gente a la que me refería en mi Declaración de Intenciones.

Y es que estos chicos son incorregibles. Y no sólo incorregibles. Algunos de ellos son francamente maleducados, a la par que paranoicos, acomplejados, desagradables, zafios, groseros, incultos, pedantes... Todo lo que adorna a lo que realmente son pero jamás reconocerán: Trolls. En el peor y más extremo sentido de la palabra. Aunque también hay otra que les encajaría a la perfección: son Freakies. Friki, in plan spanish, vaya.

Hemos tenido el dudoso placer en la lista Charlatanes de asistir a la génesis, desarrollo, esplendor y caída de varios de ellos. El más insigne ha sido sin duda ese azote de los escépticos de mente cerrada, astrólogo por más señas, amante además del debate político en el que pone a parir a todo Dios con filosofías que harían sonrojarse de vergüenza ajena al propio Einrich Himmler.

Además de las características típicas del charlatán, como son las falacias lógicas, la inversión de la carga de la prueba, la no-argumentación, y otros topicazos charlatanescos de sobra conocidos, este curioso espécimen se adorna además con todos los topicazos del niño malcriado. Es repelente, grosero, maleducado, insultón, y además un perfecto imbécil. Presume de conocimiento cuando en realidad no tiene ni puta idea del 90% de lo que habla, pero eso sí, lo dice con tal seguridad en sí mismo que sienta cátedra. Y además se refocila y regocija en sus pataletas infantiles.

Tenemos una buena descripción de semejante espécimen de homínido y de sus supuestas argucias (digo supuestas, porque en realidad no engaña a nadie sino a sí mismo) en el espléndido blog de Lola aquí.

La misma seguridad emplea nuestro querido innombrable azote de las ondas radiofónicas para sentar cátedra respondiendo a un -a priori- entrevistado de buena fé. Todo un ejemplo de ética, educación, periodismo de altura y tergiversación inmunda de cualquier concepto medianamente decente que podréis comprobar en el espléndido blog de Gerardo.

Pero claro... pasa lo que pasa. Los que no tragamos con estupideces de semejante calibre somos "mentes cerradas", que es el concepto que quería en principio tratar aquí pero como todos saben soy un incontinente del teclado y me he ido por los cerros de Úbeda (Jaén).

A lo que íbamos, pues. Toda la claque magufa (lo siento, se me ha acabado la corrección política) nos acusa a los que intentamos hacer un uso y ejercicio sano y creativo de las pequeñas celulas grises -Hercules Poirot dixit- que pueblan nuestra bóveda craneal en forma de un mínimo de pensamiento crítico de tener la "mente cerrada".

Lo que no acaban nunca de explicarnos es qué coño quiere decir eso.

Veamos:

¿Se tiene más cerrada la mente por ser cejijunto?

¿Se tiene la mente cerrada por aceptar que nos queda mucho por aprender pero que las respuestas pueden no ser forzosamente "mágicas"?

¿Se tiene la mente más cerrada si se lleva un flequillo a lo Beatle?

¿Se tiene la mente más cerrada cuando no babeamos automáticamente cuando un gurú magufo pronuncia las dos palabras mágicas -como muy bien dice Mauricio- tan de boga hoy en día -"electromagnético" y "cuántico"-?

A señalar que normalmente estos gurús cuando pronuncian estos dos términos lo hacen desde la cábala más absoluta. Quiero decir que normalmente no tienen ni puta idea de qué hablan, pero eso sí, les queda guay del paraguay e impresiona tremendamente a todo el auditorio. Bueno, a casi todo. Y además les da una capita de barniz científico. Sí, sí... científico. Eso que tanto denostan ellos por ser precisamente caldo de cultivo de "mentes cerradas".

Bueno... ya que no tenemos una definición clara y precisa de qué es una mente cerrada, por lo menos sí la tenemos de lo que es tenerla abierta, como por ejemplo este magnífico ejemplo de investigación que detalla Maestro de Marionetas aquí. La definición clara, concreta y concisa de lo que es una mente abierta para los gurús y sinvergüenzas del mundillo magufo es literalmente esta: "créete sin rechistar cualquier gilipollez que yo diga. Y además, babeas".

Si determinados líderes que han poblado la historia hubieran tenido en sus manos los medios que tienen estos soplapollas, ni te cuento la que hubieran liado. La historia de la Humanidad hubiera cambiado, sin duda alguna. ¿Adivináis a quiénes me refiero?

Independientemente de la definición anterior, en el mejor de los casos, esto es, que alguien tenga la mente lo suficientemente abierta como para no poner en duda muchas cosas a priori, existe un peligro inherente al hecho de tenerla. No. Mejor dos peligros, a saber:

1) Que te la llenen de mierda.

2) Si la abertura es lo suficientemente grande, que se te acabe por caer el cerebro. Entero, ojo. Incluido ese 90% que según los gurús no utilizamos. ¡Qué barbaridad! ¡Qué desperdicio!.

Así que ante la duda, me permitirán Vdes., amiguitos amantes de lo paranormal, que yo mantenga por el momento mi mente cerrada. Cerrada a la sinrazón, la estupidez, lo indemostrable, lo rematadamente imbécil, lo absurdamente grotesco, incluyendo entre tales hechos el que periodistas (¿?) le pregunten a un "experto" si las siluetas del Windsor eran fantasmas.

P'habernos matao.

Seguiremos informando. Que la razón os acompañe. ;-)

1 comentarios:

Baruch dijo...

Buena parte de la culpa de que estas "mentes abiertas" tengan cabida cae en la irresponsabilidad de la clase periodística. Creo que los periodistas suscriben una especie de positivismo ingenuo, que les permite presentar la "información pseudocientífica" como si fuera una información respetable y de interés para que después los lectores o los oyentes la interpreten "como Dios les de a entender". Un ejemplo claro es el programa de Juan Antonio Cebrián, en Onda Cero.

Otra cosa son los impostores habituales y sin tapujos, en ese caso habría que hablar de cinismo o de ignorancia, o de ambas cosas a la vez.

Salud