jueves, octubre 13, 2005

El estado de la cuestión y la cuestión del estado

Como casi siempre, para los que no tenemos más remedio que vivir en ese tan nombrado monstruo de siete cabezas, aparentemente ajeno a nosotros mismos, llamado “esta sociedad”, lo urgente no deja tiempo para lo importante.

Así es como las grandes y pequeñas obligaciones diarias (intentar ganarse la vida honestamente, por ejemplo...) no nos permiten sacar tiempo suficiente para cosas que consideramos importantes, como por ejemplo contribuir humildemente a desenmascarar la cantidad enorme de falacias que nos venden a diario, magufas o no (también las hay de otro tipo, y muy pero que muy real, pero ese no es el objeto de este post). Anticipo que sí será objeto de alguna que otra entrada, porque no sólo de magufos vive el escéptico. De hecho, el índice de tonterida en casi todos los aspectos que nos va inundando a diario daría para cientos sino miles de blogs. Ains. Parece que últimamente nos la cogemos todos con papel de fumar. O eso pretenden. Que nos la cojamos con papel de fumar.

Es por eso que este humilde blog ha permanecido acumulando polvo desde su última entrada, allá por el mes de marzo de este año.

Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Y es una dicha poder tener no sólo tiempo, sino presencia de ánimo suficiente –el stress, es el stress...- para juntar unas cuantas palabras en la esperanza de que alguien las lea y eso le arranque o bien una sonrisa (a los escépticos, por ejemplo) o le impulse a intentar pensar, aunque sólo sea un poquito, por sí mismo (a los magufos, por ejemplo).

Mucho tiempo desconectado de los ambientes escépticos, he vuelto a ellos recientemente a través de la excelente lista Charlatanes, he echado un vistazo a tal y cual blog y me he hecho una idea del estado de la cuestión.

Y el estado de la cuestión sigue siendo preocupante y es el siguiente:

Increíble. Sencillamente increíble. Está claro que la ignorancia es atrevida, pero aún lo es más la caradura de determinados individuos que no sólo osan intentar vender cosas invendibles a gente incauta de buena fe, sino que se atraven a hacerlo a esos monstruos escépticos. Válgame Dios. Un individuo intentando (con nula suerte) establecer un protocolo (si es que llegan a entender qué es eso) para demostrar que una de las infinitas –a cual más estúpida- teorías acerca de las pirámides no sólo es válida sino que es comprobable científicamente (si es que saben lo que es eso).

Son persistentes, como podrá comprobar el amable lector en la ya citada lista sin censura del blog de Mauricio-José Schwarz. Y siguen siempre el mismo patrón: conforme les van desmontando tonterías, van montando otras de repuesto. A ser posible, mayores aún. No importa si mienten: tienen otra mentira aún más grande preparada. No importa si les pillan en un renuncio: siempre habrá quien les crea a ellos y no atienda a las explicaciones de gente preparada.

Si a esto le añadimos que en los kioskos he visto de refilón un coleccionable de uno de los stars de la misteriología nacial, apañados vamos.

Pero preocupante es ver que en medios “serios” se publican artículos “serios” acerca de temas supuestamente “serios” como la aromaterapia, como puede comprobarse aquí.

Y es imparable. Hasta el punto de que entre refresco y refresco, me ha hecho cabrearme con una persona a la que quiero y respeto profundamente: mi propio hermano, que sostiene que efectivamente el signo zodiacal puede dar una pista acerca de las pautas de comportamiento de determinados grupos humanos. Os puedo asegurar que mi hermano es una de las personas de reflejos más ágiles y más inteligentes que conozco, amén de sensible acerca de temas que normalmente no preocupan al común de los mortales, además de estar por norma general bastante bien informado. Si mi hermano puede creer o siquiera darle el beneficio de la duda a semejante tontería, no quiero imaginarme en qué grado de avanzada se encuentra la ofensiva (en todos los sentidos) magufa de la tontería misterio-esotérico-ocultista-paranormal-alternativa.

Y este es el estado de la cuestión: todo este circo vende. ¿Y porqué vende? ¿Tanto se aburre la gente? ¿Es que no hay otras cosas –y no me refiero solamente a temas que pudieran parecer “serios” como la divulgación científica o cultural- en las que entretenerse? Por ejemplo, se me ocurre que sería un buen entretenimiento molestarse en contrastar la supuesta información que les dan los vendedores de misterio. Afortunadamente, hoy en día –ya hubiéramos querido muchos de mi generación- la información está al alcance de cualquiera que se quiera molestar en ir a por ella. Pero eso tampoco vende.

Volvamos al intríngulis en sí del tema: ¿Porqué vende tanto el maguferío nacional? La respuesta es tan obvia que casi pasa desapercibida: porque se publicita bien.

Y eso nos lleva a la cuestión del estado:

¿Porqué estamos en este estado de cosas? ¿Porqué la gente presta más atención a las noticias noticiosas misteriosas de una panda de sinvergüenzas que a noticias reales, tangibles, comprobables, acerca del desarrollo tecnológico, cultural y científico de la Humanidad?

La respuesta es tan obvia como la anterior, si bien en el sentido contrario: porque se publicita mal.

Y además de que se publicita mal, parece que a los estudiantes de Ciencias de la Información no les enseñan en las Facultades uno de los puntos que debería ser el más importante de esa carrera llamada Periodismo: no se les enseña a contrastar la información.

Pero claro, también está la otra máxima periodística, no por infame menos real: "no dejes que la realidad te estropee un buen titular".

A la gente no le basta con que una determinada cuestión pueda ser tratada de una manera amena. Lo que cuenta es el gancho, el “mensaje” que llama la atención del potencial comprador.

Parece que algunos divulgadores científicos ya han aprendido técnicas básicas de marketing. Me explicaré. Aunque aún no lo he leído (no lo he encontrado en ningún kiosko ni librería de aeropuerto, que es donde me paso mucho tiempo últimamente), se ha publicado un libro de divulgación científica cuyo título es, ni más ni menos: “Cómo clonar a la rubia perfecta”.

Eso es gancho y lo demás tonterías.

Así que ya sabéis: hay que utilizar sus mismas armas. Marketing puro y duro.

Seguiremos informando. Que la razón os acompañe. ;-)

1 comentarios:

Asigan dijo...

¡Ay, Harry! Has tocado un tema del que pensaba (y pienso) hablar en paranormalidades.

En mi opinión, el esfuerzo que debe dedicar el escéptico a publicitarse mejor es mayor que el que debe dedicar el magufo. Porque su producto es de esos que "se venden solos" y el nuestro resulta antipático.

En fi, me alegro de que hayas vuelto. Más me alegraría que fuera para quedarte. Saludos.