viernes, diciembre 30, 2005

Holy Smoke

Holy Smoke. Bendito Humo. Ese es el título de un libro de Guillermo Cabrera Infante, impenitente fumador de cigarros puros de palmo y medio de tamaño (que por cierto aún no he leído pero que leeré ya que a tenor de las reseñas parece interesante).

Del mismo calibre que los que fumaba uno de los mayores, mejores y preclaros líderes que haya tenido el mundo occidental y que dio su apellido a una marca o quizás formato de tales cigarros habanos: Sir Winston Churchill. Y del mismo calibre que aún fuma, a su edad, un dictadorzuelo déspota y con incontinencia verbal aunque ya chochee como Fidel Castro (él dijo que se quitaba, pero eso no se lo cree nadie, y menos él mismo... lo seguirá haciendo a escondidas).

Viene a cuento este post -aunque quizás escape de la temática principal de este blog- por la inminente aplicación de una Ley que está en boca de todos, ya sea en forma de comentario, de espumarajos de saliva producto de arengas y/o discursos con rabia incontenida o en forma de humo: la tan traída y llevada Ley Anti-Tabaco.

Como soy lego en muchas materias, incluyendo entre ellas la botánica, la bioquímica, la biología, la neumología y unas cuantas "gías" más, agradeceré enormemente que me desasnen y me saquen de mis más que probables errores algunos de mis amables lectores. No obstante, siendo yo lego, intentaré recuperar en un post posterior dos pequeños articulitos escritos, uno de ellos por un médico buen amigo y fumador de pipa, y el otro procedente de un estudio de un neumólogo que debo tener archivados por ahí.

Adelanto ya que este humilde bloggero ha sido y es fumador empedernido, por lo menos hasta el próximo día 2 de enero en la oficina, habiendo tenido algún que otro paréntesis en el "vicio". Uno que, como tantos otros, empezamos a trabajar jóvenes y que nos sumamos en aquellos tiempos al carro del cigarrillo porque nos hacía sentirnos "mayores". Es decir, perfectamente integrados en el mundo adulto, entendido éste como formado por personas que "ya trabajan" y por lo tanto, adquirían ante sus progenitores y ante el resto de la sociedad "el derecho" de fumar públicamente y no hacerlo a escondidas. Y esto no es una autojustificación. Es un hecho que la mayoría de personas de mi generación hemos asumido y ahora que nos damos cuenta, padecido. Eran otros tiempos, otras costumbres, otros estereotipos y otros modelos.

La cuestión no es si la Planta del Tabaco es o no en sí misma perjudicial: creo que no cabe la menor duda al respecto. ES perjudicial.

En igual medida que muchas otras sustancias, según cómo y en qué cantidad se consuman, son igualmente perjudiciales y no por ello menos diarias: la sal, las grasas saturadas, el CO2 de la combustión de la gasolina, el chocolate, el aceite, el pá amb tomátec, el jamón de jabugo, los huevos fritos, la morcilla de Burgos, el vino con casera, el cafelito, la copita de coñá, la Coca-Cola (light o de la otra) y así hasta aburrirnos. Sin entrar en topicazos fáciles ni caer en la falacia del blanco móvil. Todo según cómo, en qué condiciones esté y en qué cantidad lo consumamos, puede llegar a ser perjudicial.

Las cuestiones, pues, son otras, puesto que está claro que la Planta del Tabaco ES perjudicial. Algunas de ellas son menores y otras quizás no tanto. Me temo que más de uno, más de dos e incluso varios miles o millones confunden algunos términos, cosa que puede parecer una tontería, pero no lo es.

Veamos: se nos dice que en España, "el tabaco provoca directa o indirectamente 50.000 muertos al año"; que "el tabaco provoca cáncer"; que "el tabaco lleva a una muerte lenta y dolorosa".

Permítanme que sea un tanto escéptico en cuanto a esta afirmación, por muchos y muy sesudos estudios epidemiológicos y estadísticos que se hayan hecho. Por cierto, me gustaría mucho ver sobre qué muestra se han hecho esos estudios. Quiero decir sobre qué tipos de fumadores se ha verificado determinadas patologías. Si sobre todos ellos, si sobre los consumidores de cigarrillos, si sobre los consumidores de puros habanos, si sobre los consumidores de tabaco de pipa, si sobre los consumidores de "caldo de gallina" (los más viejos del lugar sabrán a qué me refiero), si sobre los consumidores de rapé (sí sí, aún existe y es la leche de curioso y el efecto es cojonudo) o si sobre fumadores activos pero no pasivos. Y esto no es buscar excusas ni intentar autojustificarme. Intentaré explicarme.

Para mis cortas entendederas, el error parte del supuesto de base: ¿qué entienden quienes han redactado estas frases por "tabaco"?

Supongo -y estoy casi seguro de no equivocarme- que lo que se consume de manera masiva: el cigarrillo.

Y les ruego que me disculpen, pero eso NO ES tabaco. O por lo menos no es sólo tabaco. Creo que sé de qué hablo al llevar quemando estos pequeños cilindrines desde la tierna edad de los catorce años, habiendo tenido no obstante la tremenda suerte de probar otras variedades de quemar dinero, como pueden ser el fumar en pipa o el fumar puros habanos.

Les aseguro que no tiene nada que ver. El cigarrillo (eso que todo el mundo llama "tabaco") puede ser cualquier cosa, pero no es tabaco en su estado normal y natural. Doy fé de ello. Puede ser cualquier tipo de droga, pero no es -o por lo menos no es sólo- la nicotina que ya de por sí tiene la Planta del Tabaco.

El consumo desaforado de cigarrillos es en gran parte compulsivo, inercial, y en gran parte provocado por vaya Vd. a sabver qué otro tipo de sustancias que los fabricantes de tales engendros introducen en él con el fin de fomentar, mantener y a ser posible aumentar nuestra dependencia del mismo. Nuestra dependencia del cigarrillo, no ya del tabaco en sí, que por su cuenta contiene un elemento altamente adictivo: la nicotina.

Entre muchos otros componentes que al parecer le añaden para sazonarlo con los fines antes mencionados, están el amoníaco, la estricnina, la esencia de vainilla, el cacao y un larguísimo etcétera de sustancias que no contiene por sí misma la Planta del Tabaco. Además del cloro empleado en el blanqueado del papel, la fibra de vidrio que contiene el filtro, y etcéteras varios. Es decir, que siendo por sí misma como lo es, una planta potencialmente "mala", la hacen aún peor. De hecho, en Alemania, el Ministerio competente ya ha emprendido las acciones pertinentes para que las tabaqueras tengan obligación de detallar todos y cada uno de los aditivos que introducen en los productos que comercializan y no sólo aquéllos de los que hasta ahora era obligatorio informar por Ley, y que creo recordar que se circunscribían a cuatro parámetros: alquitrán, nicotina, y no sé que otras dos sustancias más (amoníaco y otra, creo... que alguien me desasne, por favor). Magnífica iniciativa, que deberían seguir muchos Gobiernos o, en un caso óptimo, debería convertirse en Normativa de la Unión Europea.

Y siguiendo con la terminología empleada, podemos también acernarnos al término más comúnmente empleado para designar el hecho de quemar dinero en forma de cilindros que contienen sustancias dudosas: "fumar".

Todo el mundo entiende por "fumar" ese hecho que acabo de describir: la quema compulsiva de cigarrillos que contienen de todo menos tabaco, introduciendo en nuestros pulmones el humo resultante de tal combustión.

Les ruego me disculpen. Eso no es fumar. Eso es una de las muchas formas que hay de envenenarse, consciente o inconscientemente, por voluntad propia o por voluntad inducida.

Créanme, amiguitos, "fumar tabaco" es muy distinto a lo que nos dicen que es
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Fumar tabaco es disfrutar del aroma, la fragancia, la frescura, el gusto de determinados tipos de hoja de la Planta del Tabaco (sin aditivos) haciendo uso de todos nuestros sentidos.

Fumar tabaco es degustar la combustión de dicha planta (sin aditivos) y sacar conclusiones de lo que nos dicen nuestros sentidos: puede gustarnos o no. Al igual que puede gustarnos o no la cata de determinado vino de rioja, la ingestión de determinada especie picante, de determinado aperitivo salado, o de cualquier otra cosa que se nos pueda ocurrir.

Nada que ver. No tiene nada que ver, por ejemplo, llenar una pipa -por otra parte, la forma más antigua de consumo de tabaco en el mundo occidental- palpando la textura de la Planta del Tabaco en la forma que el recolector y empaquetador haya querido darle (láminas prensadas -flake-, discos -curly cut-, hebras -shag- y un larguísimo etcétera), palpando su grado óptimo de humedad, oliendo el aroma que le ha quedado después del proceso de curación (al vapor, por prensado...), degustando el sabor que tiene después de su estancia "en bodega" (o en secaderos), degustando el sabor que le ha dejado la creatividad del "blender" al hacer su mezcla entre distintos tipos de hoja de tabaco (orientales, virginias, burleys, cubanos...), degustando lo que le ha quedado de "poso" a esas hojas de tabaco después de su curación "al aire" o "al fuego". Y así podría extenderme casi hasta el infitino. Las posibilidades de degustación del tabaco en la cazoleta de una pipa son casi infinitas. Y eso sin aditivos, aunque los hay para todos los gustos, incluyendo el sabor y aroma a frutas tropicales como el mango, pasando por los más variados licores.

Todo lo dicho anteriormente para la pipa puede también aplicarse al cigarro habano. A la maestría del "torcedor", a la maestría del recolector y curador de las hojas puras y limpias de nervadura que formarán la capa, al grado correcto de humedad que deberán tener las hojas que formen la tripa, y a todo ese cúmulo de cosas que hace que un buen cigarro habano tenga ese aroma inconfundible, profundo, único.

Y como de lo que se trata es de degustar la combustión de la hoja de la planta del tabaco, no es preciso que introduzcamos el humo procedente de tal combustión en nuestros pulmones: nos bastará hacer uso de nuestro gusto, de nuestro olfato, de nuestro paladar, de nuestro tacto, y apreciar -o no hacerlo- las sensaciones que esto nos produce. Y decidir si eso nos gusta o no, y si queremos mantenerlo entre nuestras aficiones o no, siempre y cuando eso no vulnere los derechos de aquellos a los que no les gusta.

Y siempre y cuándo aquéllos a quienes no les gusta, no intenten vulnerar, perseguir, satanizar y prohibir mi derecho a que sí me guste.

Sin mencionar que la no introducción de ese humo en nuestros pulmones producirá (si es que llega a hacerlo) una dependencia de la nicotina muchísimo menor -por no decir nula- que la que producen esos engendros del diablo: los cigarrillos. Es decir, que la propiedad maligna para la salud y para la psique -a través de la adicción- que hemos visto está fuera de toda discusión y que posse la Planta del Tabaco, esa maldad intrínseca de la misma, se verá como mínimo fuertemente reducida. Puede haber, casi seguro habrá perjuicio para la salud, pero sin duda alguna nada que ver con el que nos proporcionan los engendros del diablo ni en cuanto a cualidades de los estragos padecidos ni en cuanto a consecuencias de los mismos.

Doy fé de ello. Abandoné hace algún tiempo los cigarrillos durante 51 días, pero mantuve mi afición a fumar en pipa. Desafortunadamente, los que hemos tenido la desgracia de iniciarnos en el consumo de tabaco con los cigarrillos muchas veces, por pura inercia, nos "tragamos" más de una y más de dos de las caladas que le damos a la pipa. Es decir, nos "tragamos" el humo al igual que con los cigarrillos. Puedo asegurarles, amiguitos, que ESE humo (el del tabaco de pipa sin aditivos) NO ME QUITABA EL SÍNDROME DE ABSTINENCIA. No me lo quitó durante el período "normal" de desintoxicación del cigarrillo: durante los tres primeros días. Y si ese humo, producto de la combustión del tabaco, no me quitaba el malestar... ¿qué estaba yo quemando entonces en los cigarrillos?

Una vez superado este trance de desintoxicación del cigarrillo nos encontramos con que la dependencia de la nicotina es mínima por no decir nula. Observen Vdes. a un buen fumador de pipa (no como yo, que me trago el humo) o a un buen degustador de habanos: pueden pasarse horas, días, e incluso semanas sin quemar nada y no les acomete ningún síndrome, ni son presas de ataques de ansiedad, ni se ponen a rebuscar colillas a las tres de la madrugada en los ceniceros de casa, ni salen en pijama a la gasolinera a comprar "tabaco", ni nada de todo eso tan terrible que les pasa (que nos pasa) a los adictos a los cigarrillos. Como mucho, una pequeña nostalgia de lo bien que les sentaría ese pedazo de estaca de palmo y medio en forma de habano o aquella magnífica pipa que fumaba seco y fresco llena de un buen virginia vintage. Pero nada más. Ni síndrome de abstinencia ni malestar físico. Simple enfurruñamiento por no poder darse al sibarítico lujo de degustar lo que les apetece. Como decía un Jefe de Almacén que conocí hace años, y que se fumaba estacas de las de 1.200 pelas de entonces: "yo fumo por placer, y no por vicio. Y como no puedo permitirme fumar un puro de éstos todos los días, si me tiro diez dias sin fumar, no me pasa nada".

Por lo tanto, creo que está claro que muchos de los que fumamos y los gobiernos que nos protegen a pesar de nosotros mismos, o más bien de nosotros mismos, estamos hablando de cosas muy distintas.

Y ya puestos a protegernos, creo que estos gobiernos que paren leyes tan discriminatorias y extremistas como la que está en boca de todos deberían hacerlo de forma completa: exigiendo a los fabricantes de cigarrillos análisis químicos completos de todas las sustancias que introducen en los productos que comercializan. Por supuesto, prohibiendo ipso facto aquellos componentes que esté demostrado que son potencialmente perjudiciales para la salud y/o probadamente cancerígenos. Y ya puestos, a los fabricantes de picaduras para pipas y de cigarros puros, también. No vaya a ser que empiece a convertirse en una forma de fumar mayoritaria y por lo tanto, también en un jugoso negocio como el de los cigarrillos, lo que llevaría sin duda a esas empresas a empezar a meter también porquería en esos productos, hasta ahora los menos adulterados en lo que a tabaco se refiere. De hecho, algunos ya lo hacen -lo de meter porquerías- en forma de aromatizantes.

Y como en todos los casos en los que anda por medio una prohibición, encubierta o no con razonamientos más o menos "políticamente correctos" y con intenciones más o menos buenas, se generan efectos colaterales no previstos o no deseados que pueden llegar a ser incluso más perjudiciales que el propio remedio. Como muestra valga un botón de lo que se nos puede venir encima: visiten esta web. Como los produjo, por ejemplo, la Ley Seca de los EEUU, que ayudó a forjar las más grandes fortunas del país, entre otras, sin ir más lejos, la del padre (o abuelo, no estoy seguro) de uno de sus más señeros y mitificados presidentes. Efectivamente, Joseph Kennedy (antepasado por vía paterna de John Fitzgerald) fue contrabandista de alcohol. Y que también ayudó a formar en ese país los más grandes, sólidos, organizados y disciplinados conjuntos de criminales y asesinos: la expansión y consolidación de lo que hoy conocemos como Mafia de los EEUU, que con el tiempo han llegado a convertirse casi en Corporaciones Multinacionales.

Por no hablar del cinismo intrínseco que implican tales medidas. Se nos prohíbe consumir un producto del cual el Estado recauda cuatro veces más de lo que en teoría debería gastarse o mejor dicho se gasta en medios sanitarios para paliar las enfermedades que provoca. ¿Cómo va a paliar ese Estado protector la caída de ingresos que provocará la retirada del consumo de cigarrillos de una ingente cantidad de adictos? Es de un cinismo intolerable poco menos que prohibir o como mínimo restringir el consumo y no prohibir el cultivo, la distribución, fabricación y venta de tales productos. Y en cuanto a la caída de ingresos, ¿se apuestan algo conmigo a que dentro de no mucho nos venderán cigarrillos "ecológicos" que contendrán vaya Vd. a saber qué coño pero que también estarán gravados con el mismo impuesto que los actuales? Por cierto, ese impuesto con el que gravan ese producto que no quieren que consumamos es escalofriante: hasta el 80% del precio que pagamos por él.

Por no hablar de las tonterías que hay que oir al respecto: "No fumar es de izquierdas", nuestro Presidente del Gobierno dixit. Pues me temo que deberían habérselo dicho antes al más izquierdoso de todas las izquierdas: Stalin. No sólo fumaba, sino que lo hacía como un carretero en pipas que eran -y son- las mejores -y las más caras, con mucho- del mundo: Dunhill. Siguiendo con las tonterías, la propia Vicepresidenta del Gobierno explicó no hace mucho en TV cómo dejó de fumar, y entre otras cosas, empleó "unas gotitas de homeopatía" (sic). Y esto sí es vergonzoso y sí es preocupante.

Mantengo lo dicho antes: no estamos hablando de lo mismo. Ni fumar es lo que nos dicen que es ni el tabaco es lo que nos dicen que es.

Además, no nos encontramos sólo ante una Ley Anti-Tabaco. De ser así, prohibirían su cultivo, transformación, fabricación, etc. Realmente de lo que se trata es de una Ley de Represión del Fumador. Los que padecemos los cigarrillos (que tampoco consentimos que se nos considere enfermos) o los que disfrutamos de una buena pipa o un buen habano no somos ni apestados, ni marginados, ni delincuentes. Somos personas que libremente -o quizás no tanto- hemos decidido hacer uso de algo que los propios gobiernos en su momento fomentaron y actualmente ponen a nuestra disposición. Fumar -en cualquiera de sus dos acepciones, la oficial y la real- no es un acto ilegal. Por lo menos por el momento. Al tiempo.

Que los fumadores debamos respetar el derecho de otros a no hacerlo es una cosa perfectamente lógica y que entra en lo que es simplemente buena educación. Pero de ahí a que incluso en ese caso -cuando nosotros respetamos a los no fumadores- se nos persiga, se nos estigmatice, se nos prohíba, se nos arrincone y se nos señale con el dedo como poco menos que aliados del diablo y envenenadores de niños y adultos, va un abismo.

Y les aseguro una cosa. Degustar un buen tabaco en una buena pipa o en forma de un buen habano es un placer como pocos hay. Llegar a casa después de un día de esos que nos hacen cabrearnos con el resto de la Humanidad y coger una pipa, ESA pipa que nos está esperando para ESE momento concreto, que ha sido testigo de miles de nuestras batallas, que tiene constancia de nuestros pensamientos más íntimos mientras quemábamos tabaco en ella, que se mantiene fiel sin pedir nunca nada a cambio... llenarla de un buen TABACO, fresco, húmedo, con aroma, que fuma "seco" -sin generar humedades-, con ESE aroma que sólo tiene la Planta del Tabaco en su estado óptimo... encenderla y mantenerla encendida mientras pensamos, meditamos y le ponemos solución -o nos resignamos a no tenerla- a todos nuestros males... ESO, amigos míos, ESE paréntesis de cuarenta minutos a una hora que nos proporciona esa fumada... induce un proceso de calma, serenidad y relajación que pocas otras cosas pueden proporcionar. Nos reconcilia con nosotros mismos y con el resto de la Humanidad.

Probablemente porque para mantenerla encendida consciente o inconscientemente debemos adoptar un determinado ritmo de respiración. Y "como todo el mundo sabe" -sobre todo los Yoguis- la respiración es fundamental para alcanzar el Nirvana. Así que aunque no lo digan los Yoguis, no cabe duda: es milenario, es ancestral, es la rehostia en bicicleta. Y no sólo por el Nirvana. Al fin y al cabo, no sólo Stalin lo hacía: Albert Einstein también fumaba en pipa. Y Clark Gable. Y Douglas McArthur. Y Leo Szilard. Y Pau Casals. Y la difunta Reina Madre de Inglaterra (acompañandose de gin tonics). Y Umberto Eco. Y Georges Simenon. Y Einrich Boll. Y Gunter Grass. Y Jack Lemmon. Y Cary Grant. Y John Wayne. Y Henry Miller. Y Arthur Miller. Y Bertrand Russell. Y...

Y ya fuera de coña: a aquellos quemadores compulsivos de cigarrillos que lean esto, les ruego que hagan el experimento, pero como mandan los cánones: busquen en su ciudad un sitio donde no sólo vendan pipas sino que además ENTIENDAN de lo que venden. De ser posible, no acudan al estanco habitual. Son raros por no decir inexistentes aquéllos en los que los titulares entienden algo de pipas o tabaco de pipas más allá de lo que les dice el vendedor de la casa, que tampoco suele tener ni puta idea y si la tiene, les engaña como a chinos. Déjense aconsejar tanto sobre la pipa que necesitan para empezar como sobre lo que hay que meter en ella para no achicharrarse y abandonar a la primera, y vayan empezando a comprenderlo y a introducirse en ese arte. En el arte de la degustación del Tabaco a través de una pipa. No se arrepentirán. Y no sólo no se arrepentirán, sino que se harán uno con él (y con ellas, vacías o llenas), porque es un placer sibarítico. Se lo aseguro. Un placer del que además no podrá acusarle nadie, porque como no crea dependencia más allá de la meramente individual de darse un lujazo, podrán hacerlo como en definitiva quieren nuestros protectores que lo hagamos: a solas, en casa, en nuestro rincón o sillón favorito, con un buen libro entre las manos y una copa de excelente brandy (los piperos no aceptamos coñá peleón, tiene que ser un Uno en Mil, Larios 1866, Gran Duque de Alba o como mínimo un Cardenal Mendoza) y con nuestra música favorita y no la tele (voto por Pink Floyd -Wish you Were Here) como ruido de fondo.

Y nos reconciliaremos con nosotros mismos y con el resto de la Humanidad.

Holy Smoke. Bendito Humo.

Dejaré de quemar cigarrillos el año que viene -de buen grado, además, ya que la ocasión la pintan calva: es o sí o sí-. Pero no renunciaré al placer que me producen mis pipas y de tanto en tanto, un buen habano.

Seguiremos informando. Que la razón os acompañe. ;-)
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P.D.:
Aquí pueden encontrar alguna guía de qué, dónde, quién y cómo. (Sshhhh... así, en petit comité, sin que se entere ningún ortodoxo de la pipa, les diré que el 85% de los consejos, trucos y cánones que se dan no sirven absolutamente para nada, pero tienen su encanto. La pena es que se darán cuenta de que no valen ni para hacer puñetas al año de haber estado trasteando con todo ello. No se preocupen. Todos hemos pasado por ahí.)

P.D.2: Por si lo que yo he dicho les sabe a poco o les parece poco objetivo -que lo es- o sesgado -que puede que también-, les animo a que lean este post y el intercambio de opiniones posterior:
http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1696